Mira a la gente moverse por las calles. Te darás cuenta de que todos están encerrados en sí mismos. Nadie se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. Algunos hasta hablan consigo mismo, otros mueven sus manos, haciendo gestos, puede que estén sumergido en algún sueño. Los labios se mueven, todos hablan por dentro; nadie es consciente de lo que sucede a su alrededor. Todos se mueven como autómatas. Van a sus casas, no necesitan ni recordar ni siquiera dónde están; se mueven automáticamente. Sus piernas se mueven, sus manos dirigen la dirección de sus automóviles, llegan a sus casas, pero todo el proceso en sí es sólo un sueño, una rutina mecánica, un condicionamiento. Estamos encajonados en nuestras rutinas y estamos, en cierto modo, muertos, muertos en vida. Estar encerrado en sí mismo alimentándote solo de la mente es destructivo, porque te aniquila lentamente, porque ella ha sido domesticada para; pensar, pensar y pensar. Sin embargo ...