Rudeza
Convivir con la rudeza desde que Uno
tiene noción de vida es una conducta que Uno aprende sin cuestionar. Uno
piensa que es normal, tan normal que uno siente, piensa y actúa rudamente lo
expresan mis acciones abruptas e inconscientes, lo delatan los estallidos bravos
y escandalosos saliendo de mi inconsciente y aunque ahora no me mires —así Soy—.
Vaya comportamiento tan errado que denota una conducta, una actitud y un proceder
nocivo y desgastante —así es Consuelo—. Cuando se cae en el
insight de lo que Uno es, Uno se ilumina, el “Darse Cuenta” sucede la rudeza se
aligera, brota la naturalidad, una educada y cálida Templanza se asoma
delicadamente en el rostro, sagrada labor que voy alineando. Múltiples experiencias,
conductas y esfuerzos voy realizando para estar conciente de mí, hechos que me
han llevado a transformar la rudeza en Templanza, virtud atesorable de mis raíces.
Herencia pura y nata, valor incalculable e incuestionable. Es mi tesoro privado
¿Qué es errado, dicho comportamiento? tal vez, no lo sé, así soy, es sagrada mi
realidad, no deseo modificarla, enmascararla u ocultarla por el contrario voy
traduciendo mi rudeza en Templanza, voy realizando bosquejos de sabiduría e
inteligencia, trazo caminos lucidos e impecables para ser proyectados al exterior.
Mi rudeza se traduce en Templanza, fuerza y firmeza cumulo de acciones pensadas,
analizadas y ejecutadas sin trastrabilleo alguno. Transmuto la rudeza en delicadeza, bendita ecuanimidad que me lleva a gestar autorrecuperaciones instantáneas
cuando ambientes violentos o difíciles me cercan. Los ventarrones de la vida ya
no me tiran, ni reacciono con violencia solo camino, camino vestida de
Templanza. Bendita rudeza manifestada por décadas porque fue mi salvadora, mi maestra gracias a ella aprendí a traducirla en sabiduría e inteligencia. El
mundo no es un lecho de rosas donde se da por hecho que nada te va a suceder si
te portas bien, si das por hecho el hecho, uno cae en el cautiverio lo
descubrí cuando me rebelé. La espina de una rosa llega a picarte en cuestión de
segundos, como las espinas de la vida en cuestión de segundos colapsan él
respirar. Transmute mi rudeza en Templanza; pienso antes de reaccionar, escaneo
antes de actuar, calmo la lengua antes de hablar, me escucho para no soltar
sonidos estridentes, oxigeno este cerebro para calmar el corazón recursos que
cargo para asegurar reacciones saludables. Vivo entre rudezas lo cual me puede
encantar porque son oportunidades para echar andar determinación y firmeza, el cómo reacciono lo decide el evento, el instante o el clima que respire. Para hacer
alquimia cocino pócimas conductuales, actitudinales y agrego un toque de pensamientos
saludables entonces la magia sucede. He aprendido a protegerme gracias a la “Templanza”
maravillosa virtud que aprendí de niña, hecho que me deja plenamente conciente
de las hazañas que logro al vivir entre polaridades inesperadas. Mi ego se va
desvaneciendo gracias a la Templanza que vierto cuando me gana su voraz
surgimiento, hoy en dia difícilmente irrumpe con sus pataletas la sabiduría lo detecta, la
inteligencia lo transforma en delicadeza y el corazón lo calma. Es increíble descubrir el origen de
la rudeza, desencriptarla, analizarla y transmutarla para tornarla afable sin
temor a ser presa de la irracionalidad logros que no tienen precio. Vaya
escrito que ha capturando la esencia del como vivo la rudeza cuando surge, como
la trasformo, como hago alquimia con ella, vastos campos de satisfacción
experimento al grado que reverdece mi esencia, lo descubro cuando me encuentro
entre multitudes.

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