Hoy en día rara vez me enojo, y no es que contenga la furia, es que conozco el efecto de la ira. Es tan mortal, cual veneno que aniquila la vida. Hoy en día difícilmente me enojo y no es por reprimir la ira, es por tener la claridad de su venenosa densidad. Comprendí la ira cuando me di a la tarea de trabajar conmigo, cuando me atreví a conocerme sin ocultar nada, el resultado fue gozar de salud espiritual. Hoy en día cuando me enojo se cómo proceder para sanar. Recién me he enojado y no importa el porqué, importa la tremenda oportunidad de vida para salvaguardar mi salud espiritual. Me encontraba alerta, conciente en absoluta serenidad bastaron unos segundos para ser atrapada por la ira, para ser presa del coraje bloqueándome a tal punto que sentía la sangre envenenar mi cuerpo, mire mi mente engolosinándose de ira y odio instantes que prácticamente me noquearon. Delicioso escribir tan tremenda oportunidad; “enojarme” y no es porque me agrade o quiera lucirme, es porque no deseo volve...
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