24 de noviembre de 2016

Me equivoco

Me equivoco al hablar, al decir palabras, al pensar, al tratar a alguien, al reaccionar, sentir e incluso vivir. Si… me equivoco una y otra vez y equivocarme no es una situación para lamentar, apenarme o esconderla no, equivocarme es una reverenda alternativa para remediarse, una oportunidad para enmendar, acciones que recibo con tremenda conciencia y apertura para transformarlas, ingrediente exquisito de mi vida; rectificar una y otra vez y no importa cuánto me tarde o cueste importa vivir en comunión conmigo, vivir con aquello que me hace sentir bien, así de simple es el sentido de mi vida. Toda equivocación que llega a mi consciente o inconscientemente la recibo pues resulta ser el medio que me impulsa al cambio. No se trata de cometer a cada rato equivocaciones no, se trata de ser consciente de ellas, de convertirlas en oportunidades de vida, me queda claro que sin dichas equivocaciones estaría girando y girando en sistemas de más de lo mismo, es decir caería en tontas lamentaciones y mi naturaleza jamás ha sido lamentarme, mi naturaleza ha sido el cambio, ha aclamado la renovación. Me susurran al corazón las innovaciones, ser mejor persona, transformar mi piel de lobo a piel humana, mis sentidos, mi forma de pensar e incluso de amar. Amar lo que poseo, entregarme a cada uno de mis defectos para  purificarlos, renovarlos o eliminarlos. Toda equivocación inconsciente son  las pequeñas trampas que me ayudan a ser diferente, porque si cometo una de ellas y la descubro de inmediato pongo manos a la obra para remediarlo. Estoy en camino de la conciencia, aquella que me mantendrá cual vela encendida mirando el todo, descubriendo mi verdad, afinando mis sentidos.
Decir que me equivoco  no lo justifico mucho menos pretendo la perfección, para nada, sobre todo en materia de actuaciones terrenales o morales, me queda claro que equivocarme es normal, tan normal como cualquier mortal. Aludo a las equivocaciones que tocan  el centro de mi ser, aquellas que me lesionan o lesionan a otros a ellas pongo mi total atención, mi absoluta conciencia para remediarlas. Cuando cometo algún atropello todo mi ser vibra al unísono con malestar y no es cuestión de ser puritana, moralista o juiciosa esos son términos que solo terminan perdiéndolo a uno, son situaciones que sencillamente me hacen sentir terriblemente mal y tal sentimiento es el que me lleva a la reflexión para no volver a cometer atropellos espirituales a nadie  porque odiaría que a mí me lo hicieran. A tal tipo equivocaciones sí que les presto mi absoluta atención para ser remediadas. Equivocarme no es una cuestión de reconocerlo es un situación de conciencia pues no me cabe duda que es la llave de la luz que tanto busco.

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