24 de marzo de 2016

Nada

Me asombra descubrirme, me asombra saber que he traspasado contextos. 
Por muchas décadas investigaba, creía e incluso indagaba dentro de mí una y otra vez aquello que me preguntaban para dar respuesta; ¿quién eres?
Pregunta que se repetía una y otra vez y la respuesta siempre era la misma. Aquello que había aprendido y vestido por décadas, aquello que el exterior quería escuchar, aquello que había colgado en mi mente. Aun cuando tenía clara mi herencia familiar, procedencia, contexto y cultura sabía que eso no me definía mis entrañas continuaban aclamando; ¿quién eres?
Dar el salto del saber quién soy, hablando interiormente, al sentir con claridad lo que soy es fenomenal, tan fenomenal que uno se transforma en cuestión de segundos. Lograrlo no es una hazaña es una significativa iluminación que me transporta a otra dimensión.
Si preguntaran a otras personas a cerca de mí, quienes me conocen de inmediato responderían; ahhh! si la conozco; es una mujer, tiene hermanos, es mi tía, es una vieja, es mi vecina, es educadora, es psicóloga, fue mi amiga, la conocí en la normal, estudiamos psicología, estudiamos la maestría, trabaje con ella, es conflictiva, es fea, es gorda, trabajo aquí es, es, es, es gauu!!! Si continuara la lista infinidad de apelativos terrenales continuarían saliendo. 
En este instante siento diferente y esos son los saltos a los que vengo haciendo alusión, incluso cuando hablo de saber quién soy, es decir; soy capaz de metacomunicarme con mi totalidad y eso es increíble. Es increíble como uno logra cambios radicales en cuestión de segundos, me pase décadas buscándome y siempre terminaba colgándome al cuello el género, el ego, las hazañas, el origen, la procedencia, la solvencia, la moral, las virtudes, los valores, los títulos, la marca, el vestido, el perfume, los accesorios y no sé cuánto fetiche más necesitaba para respirar, fetiches que solo me empantanaban vaya tontería!
Es tal la fragmentación que se da viviendo del exterior que ahora deduzco el por qué estaba divida, viviendo de microsegmentos  externos, ahora deduzco porque la muerte camina en vida. Cuando uno se describe atendiendo el exterior, uno cree vivir en armonía,  integrada con la humanidad, siendo parte de ella. Uno cree vivir bien y en paz con uno mismo pero no es así. Obvio que no se necesita ser un ermitaño o rechazar a la humanidad para saber quién es uno, sería una reverenda tontería. El reto es precisamente sumergirse en la humanidad, sumergirse en nuestra naturaleza, en las profundidades de la vida para encontrarse. El reto es descubrirse justo en el ombligo del mundo para tocar nuestro propio ombligo.
Es tal mi afirmación que si en este instante te preguntara; ¿Quién eres? Convencida estoy que me responderías; soy mujer, hombre, madre, padre, licenciado, artista, arquitecto, médico, ingeniero, comerciante, pintor, electricista, plomero, soy, soy, soy… la lista de etiquetas terrenales sería interminable por ello el extravió de nuestra esencia, por ello el extravió del alma, mente y cuerpo. Y después de tan acalorada declaración quizá me preguntes; y  -quien eres tú- y te respondería: "nada"…divina sensación que amorosamente me lleva a otra dimensión.




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