8 de septiembre de 2016

Un día maestro!

Un día maestro…vivencia para rememorarse por siempre, fue mi desayuno angelical y fue tan espiritual que solo la experiencia da fe de ello.
Desayune serenidad, centramiento y meditación exquisitos manjares que jamás olvidare. Me transporte a otro tipo de vida, otras vibraciones, otro tipo de luz y no requirió de nada extraordinario basto un entregarme al despertar. Un entregarme al rojo vibrante de la cotidianeidad invitándome a salir de mi confort para sentir la vida que despierta bajo todo su esplendor; almas circulando, premura en los rostros, mente caminando, rostros afables y dulces, miradas infantiles obsequiándome una sonrisa cual paisaje urbano contactando conmigo… y yo ahí encaminada a mi destino, centrada en llegar al punto elegido para meditar. Al llegar inicie mi desayuno espiritual, ahí donde todo es serenidad, me entregue a mis latidos total y absolutamente. Sentí los árboles, las ondas de los trinos tocando el alma, el agua en total quietud, miraba el entorno sereno, inamovible sin interrupción alguna, parecía caer al vacío a un vacío puro y gozoso. Es indescriptible la sensación que aun ahora rememoro y al hacerlo un hueco en el pecho trae a mi piel tan sublime recuerdo, un hueco espiritual que parece desaparecerme. Me pare frente al lago para deleitarme con aquellas esbeltas, artísticas y divinas deidades de la naturaleza, aunque he de decir que casi no las miraba pues sabía que interrumpiría tan sagrada meditación, así que me postre ante el escenario desplegándose a lo largo y ancho de mi vista para impregnarme de él, era como girar y girar recibiendo un fraternal abrazo. Así permanecí un buen tiempo desayunando un exquisito alimento para el alma. Avance rodeando aquel lago cuando de pronto me percate de una onda extendiéndose en el lago, la onda se movía tan bellamente que me detuve admirarla, era un bello espectro para mis ojos, segundos después avance y la onda avanzo, avance más y ella avanzaba expandiéndose en  el lago, era increíble caminaba y avanzaba la onda era como energía desplegándose, me detenía y se detenía. Caí en la cuenta de que era “yo” proyectando mi energía en aquel lago, produciendo ondas, vibraciones era increíble mirarme, mirar mi energía desplegarse a lo largo de aquel lago. Me puse a juguetear un buen rato con mi energía, gozando como chamaca tal descubrimiento. Siempre he aludido que somos energía, deducía que soy energía pero mirarla proyectada frente a mi… fue divino.
Continúe mi camino sintiendo el exquisito silencio en mis sentidos, deteniéndome a reverenciar los árboles, su fragancia, sentir sus raíces, la gama de verdes, amarillos, cafés hasta que llegue a un puente, un puente que ya me es familiar. Avance experimentando libertad, aspirando vida y expirando alegría ante tal experiencia. Atravesé una y otra vez aquel puente bajo una profunda meditación de pronto me pare, me detuvo su celestial presencia, ahí en el puente manifestándose ante mí, al nivel de mi frente, aun ahora que lo narro me cimbra el corazón, tiemblo de alegría y creo que voy a estallar de dicha. Fue magnifica su presencia, incluso paso un alma junto a mí y no se percató de “él”, al parecer solo existíamos él y yo ahí…sintiéndonos, sintonizando en  la nada, abrazándonos, comulgando en espíritu y alma, no sé qué más decir pues mi pecho esta que no se lo puede creer y solo  eso aludiré a tan gloriosa experiencia.
Aquel día mi desayuno fue celestial porque toque las profundidades de esta mujer y al hacerlo me llevo a tocarlo a él y eso se queda prendado en el corazón de por vida. 

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