30 de enero de 2015

Pinte la cocina

Pinte la cocina para satisfacer este terrible cerebro que me demanda estar en constante actividad, aunque he de confesar que ya ameritaba una buena pintada. Pinte el baño el cual denotaba mi mal gusto por el color, en fin me di la oportunidad de jugar a pintar deleitándome con los colores. El tiempo que pase pintando cada muro me invitaba a ser meticulosa, cuidadosa y limpia, sumergiéndome en la exquisita inteligencia práctica o dicho en términos coloquiales; sumergiéndome en un oficio. Y si de trabajar oficios se trata me encanta practicarlos aunque no tenga la suficiente experiencia. Experiencia y habilidades demanda todo trabajo práctico, trabajo que realice con gusto pero además la tarea me llevo a viajar a mi interior. En cuestión de instantes mire como la inteligencia practica puede dar saltos a la inteligencia cognitiva, científica, lógica o como se le llame y lo constate porque traía atrasada una lectura; "Así hablo Zaratustra", de Friedrich Nietzsche, filosofía nacida dos siglos atrás. Autor del cual, tiempo atrás, había leído sus letras sin darle gran importancia pues no atrapaban mi mente, mucho menos el corazón. Al paso del tiempo descubría como otros autores lo abordaban una y otra vez, así nació nuevamente mi interés hacia él, colocándome el pendiente de leerlo, lo cual ha sucedido casi al finalizar un trabajo práctico. Pasar de una tarea práctica a una tarea intelectual me pudo sorprender al leer; Así hablo Zaratustra, me pudo fascinar tan bello hombre que termino en la locura pues sus ideas, dos siglos atrás eran solo eso; locuras. Quizá yo también este empapada de locuras, por eso me encanto. En fin, solo son imaginaciones que no se sustentan en nada, es la efusividad de disfrutar una preciosa lectura quedándome prendada de la siguiente frase: "Yo amo a quien da su alma por entero y no pretende que se lo agradezcan ni se lo retribuyan, pues su entrega indica que no tiene deseo de conservarse a sí mismo". Friedrich Nietzsche 1844-1900. Estas y el resto de sus letras las he embebido. Ame tan bellas letras que parecían hilvanándose en mi corazón pues al paso de la lectura sentía una profunda sintonía con él. Yo amo a quien da su alma por entero. Parece que sus letras se reflejaban en mí, pues amo todo aquello donde miro una entrega total o bien me entrego total y absolutamente atendiendo única y exclusivamente los designios del destino. Y no pretende que se lo agradezcan ni se lo retribuyan. Me calzan perfectamente tan lindas letras, cuando leí este contexto tintineaba de alegría, pues eso soy; no espero reconocimiento alguno, por el contrario, no tengo con que pagar a la vida tanta dicha que ha alojado en esta mujer. No tiene deseo de conservarse a sí mismo. A partir de que comulgue con la muerte bajo sus distintas formas llegue a comprender tan divino suceso, morir. Sí, quiero morir cuando mis pendientes hayan quedado cubiertos, a solo que el destino, o la mano de otra vida arranque mi vida. En tanto eso no suceda espero a la muerte sagradamente serena sin perturbación alguna. Así de divinos son mis saltos cuánticos y digo cuánticos porque ahora soy capaz de trasladarme de un espacio a otro, sin cuerpo, es divino descubrir como la mente es tan poderosa que independientemente de la condición social está ahí, a la orden de cualquier hombre o mujer que este dispuesta a generar sus propios cambios. Uno se queda maravillado de cuanto poder es capaz de emanar la mente para crear, innovar, aprender o pintar mi cocina. Así de deliciosa fue mi experiencia, ayer me urgía escribirla, en este instante me deleito orquestándola para darle sentido. Estoy consciente de los sucesos que vivo y dichosa de saber que mi mente puede llegar a ser prodigiosa y hacia allá me encamino. 

Soy Consuelo y amor ser.

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