9 de diciembre de 2014

Cotidianeidad

La vida diaria me ofrece; recompensas, sentir mi destino y centrar la energía. Pilares que ahora mismo son la razón de mi existencia y elevarlos al cielo es la meta. Encumbrarlos al cielo, no es levantar la mirada al vasto infinito no, a ese tipo de cielo no me refiero. Encumbrarlos es como abrirles una pequeña ventanita en mi corazón para llevarlos a irradiar de vida, aquí adentro donde está esperando un vasto cielo por ellos, a ese tipo de cielo me refiero. La felicidad se asoma en este rostro al mirar dibujarse mi destino. Destino que no sabría precisar o describir, si me atreviera hacerlo ya no sería destino, serian falsas argumentaciones. Mi destino esta tan perfectamente trazado que soy capaz de sentirlo, dejarme atrapar por el, permitirle envolverme en su increíble magia y misterio, ese es mi destino hablando por mi, primer pilar de vida. Centrar mi energía, segundo pilar. Valioso descubrimiento que ha sucedido a tan divina mente alojada en tan vasto cerebro resguardado por una diminuta cabeza. Centrar la energía es lo realmente valioso, nutritivo y poderoso, es la labor que realizo respiro a respiro, religiosamente y sin objeción alguna. No permito que esta mente quede atrapada en trivialidades, prejuicios, banalidades, mucho menos en la violencia conocida perfectamente por este cuerpo y mente que caminan por calles terrenales. Es la hazaña más atesorada por esta mujer; lograr caminar por la vida concentrando energía, capturar hasta el mínimo halo de ella en esta alma. Es como concentrar un poderoso elixir de vida que va llenando un vasto océano de energía. Y no es una cuestión de presunción no, es una realidad que constato al observar mi mente volviéndose segundo a segundo más creativa, más centrada en mis dones, alerta y acertada al caminar. Semejo mi energía cual océano de Champotón, océano que una vez tocaron mis ojos; infinito, sereno, transparente y tan azul que cuando lo vi moría de ganas por sumergirme en él, en aquel entonces no lo hice, pero fue mi inspiración para desplegar tan hermosa mente que ilumina mis pasos. Tercer pilar; las recompensas. Las recompensas que obtengo nada tienen que ver con lo material, el solo nombrarlas me causa frialdad, pues así de fríos son los bienes materiales, fríos y distantes y no es una tontería, es una realidad que conozco a la perfección. Miro al mundo correr tras ellos, a costa de lo que sea, se desviven por embolsarlos, empaquetarlos o etiquetarlos. Quizá aún me delaten restos de ira, y lo acepto, mas no me retracto de mis letras al aseverar mi tosquedad y nauseas hacia lo material. Mis recompensas van más allá de lo mundano, mis recompensas las obtengo al mirar la nitidez de las almas que se acercan a mi o aquellas que miro a lo lejos, al sentir la serenidad que despliegan mis sentidos cual inmenso océano, al danzar al ritmo de la divina naturaleza, al respirar lo hueco de la nada, al sentirlo a EL apropiándose de mi para erigir su gran proyecto; yo. Recompensas que ahora mismo están impregnadas en cada partícula de mi Ser. Es mi cotidianeidad reflejándose bajo la luz del día. Soy Consuelo y amo Ser.

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