24 de noviembre de 2014

Una anécdota tremendamente hermosa;

Jesús estaba en la cruz y debajo estaba San Patricio rezando por su alma, pues su Maestro moriría pronto.
Jesús lo llamó, «Patricio, sube tengo que decirte algo».
Patricio, sin mirar hacia arriba, le contestó: «Señor, no puedo porque estoy rezando por tu alma».
Jesús lo volvió a llamar un poco más alto, con un asomo de urgencia.
«Patricio, por el amor de Dios deja esa estupidez y sube, es muy importante lo que tengo que decirte».
«Señor no puedo ¡No te he dicho que estoy rezando por tu alma, caramba!»
Jesús, una vez más, casi gritando, llamó «Patricio, ¡te lo digo por última vez, sube aquí! ¡Es sumamente urgente, no te lo puedes perder!».
Patricio cedió de mala gana diciendo para sus adentros: «¡Maldita sea! ¡Este hombre es un tonto! ¡Me pide que suba ahora que estoy ocupado rezando por su alma!» y se fue a coger una escalera. Colocó la escalera junto a la cruz y despacio, con deliberada mala gana, empezó a subir peldaño a peldaño hasta llegar arriba «Bien, Maestro, aquí estoy ahora, ¿quieres decirme para qué me has hecho llegar hasta aquí?»
«Mira, Patricio», dijo Jesús, «más allá de aquellos árboles puedes ver nuestra casa».

Jesús, muriéndose en la cruz y dice «Mira más allá de aquellos árboles. ¿Puedes ver nuestra casa?» Amaba tremendamente esta tierra esa es la única manera de amar a Dios, no hay ninguna otra forma.

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