27 de noviembre de 2014

Divinas palabras

Palabras significativas: sexo, amor y oración. El sexo es la reconciliación de tu cuerpo con otros cuerpos, déjame repetirlo: El sexo es la reconciliación de tu cuerpo con otros cuerpos por eso es tan satisfactorio, por eso te brinda tanto estremecimiento, tanta excitación, tanta relajación, tanto sosiego. Pero esta es la reconciliación más baja si no conoces otra más elevada, entonces está bien. Pero estás viviendo en tu casa, sin saber que en ella hay muchas otras habitaciones. Vives en una celda oscura y crees que eso es todo —sin embargo, hay muchas otras bellas habitaciones en tu casa. Pero sigues siendo un mendigo, porque te quedas solo con el cuerpo. El cuerpo no es más que un pórtico, el portal del palacio.
El sexo te proporciona alegría porque es la reconciliación entre dos cuerpos materiales. Dos cuerpos vibrando con un solo acorde. Existe una canción, una canción física. Brota una poesía entre las dos energías de los cuerpos; danzan juntos de la mano, se abrazan, se pierden uno en el otro. Durante unos momentos hay éxtasis, después desaparece porque los cuerpos no pueden fundirse el uno en el otro son demasiado sólidos para ello.
Lo segundo es el amor. El amor es una reconciliación entre dos mentes, dos energías psicológicas. El amor es más elevado, más profundo, más grande. Si puedes amar a una persona poco a poco verás desaparecer el sexo entre ustedes. Los occidentales tienen mucho miedo a ese fenómeno.
Cuando amas más, el sexo empieza a desaparecer, porque estás llegando a una reconciliación mayor. ¿A quién le importa lo inferior? Esto satisface más, proporciona mayor contento, una alegría más duradera.
Y el tercer estado de la energía del amor es la oración. Esta es la reconciliación entre el alma de la persona y el alma de la existencia. Es la reconciliación más elevada, no existe otra más allá. Por tanto, cuando esto sucede, lo que conocemos por amor también empieza a desaparecer justo igual que cuando sucede el amor, el sexo empieza a desaparecer. Pero no estoy condenando el sexo —no hay nada de malo en ello—, es perfectamente hermoso, saludable en su medida pero cuando llega una energía más elevada, la inferior comienza a desaparecer ya no es necesaria; su trabajo ha terminado.
Es como un niño creciendo en el vientre de la madre —nueve meses—, ya está listo para salir del vientre. Esos nueve meses, hermosos le estará agradecido a su madre durante toda su vida, no puede pagar esta deuda, pero ahora ya está listo para salir. Ese vientre no puede seguir conteniéndolo, el niño está empezando a ser mayor que el vientre.
Así es exactamente como sucede. Si realmente profundizas en el sexo, llega un momento en que el amor es mayor de lo que el sexo puede contener entonces empiezas a desbordarte, a dirigirte hacia lo superior y pronto estarás fuera del sexo. Un día vuelve a suceder otra vez, cuando el amor es demasiado, empiezas a desbordar hacia la oración y el amor desaparece.

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