24 de octubre de 2014

Implicada con mis emociones

Estoy irremediablemente implicada con mis emociones y es una verdadera gracia. Una gracia divina que me transporta a una indescifrable sensación, a sentir el misterio de la vida y dejarme llevar por el destino. No existe forma alguna para definirlas o explicarlas solo las siento,  vibro con ellas y las reverencio. Estar totalmente implicada con mis emociones exige verdadera sinceridad y apertura para recibirlas a flor de piel. En este instante que intento plasmarlas, la apacibilidad me guía para verterlas, si, la divina apacibilidad que me habita. Cuando la ansiedad brota caprichosamente en el rostro, solo la recibo con el corazón abrazándola vehementemente, entonces mágicamente desaparece. Cuando los deseos entran a este templo, sigilosamente se retiran pues saben que esta mujer no es amante de lo material, mucho menos de deseos teológicos, esta alma solo está empeñada en descubrir los tesoros divinos que Dios coloca en su camino sin intermediario alguno.  La ira la he erradicado prácticamente y hace unos instantes lo comprobé al sentirla llegar cual ráfaga a mi cuerpo y desaparecer cual bólido de mi alma y que bien se siente. La serenidad, guau… ella brilla cual estela de luz que alumbra mi camino, parece mágica, misteriosa y me hace tan feliz que ahora mismo la delineo con una sonrisa en el rostro. Cada amanecer un torrente de sabiduría empapa mi mente y eso solo se lo debo a la apacibilidad de mis emociones. Alguna vez hace décadas alguien me dijo; <<nunca la veo sonreír>> si hoy me encontrara con aquella persona no diría nada, solo le sonreiría. Sonrió, si, sonrió a la vida, a mis emociones, a los divinos misterios de Dios y al sagrado corazón que habita a esta mujer. La bendita emoción que siempre me habito y jamás me ha dejado es el amor. El radiante y profundo amor fundido en cada molécula de mi Ser sea buena o sea mala, el solo hecho de mirarlas con amor es motivo de su transformación. El amor realmente me ha cambiado. Estar implicada con mis emociones no es una cuestión de trivialidad, es una situación de verdadera valentía y orgullo para desnudar lo que me habita.  

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